13 de agosto de 2015

Pero antes... un poquito de mí (parte 1)

¡Hola!

Dentro de unos días, me gustaría subir un post sobre alguien que me ha regalado algo muy especial... Alguien que, sin quererlo, me ha dado algo que siempre quise y que pensé que nunca encontraría. Pero antes, quería explicaros el motivo. Y como sé que lo de resumir se me da fatal (espero que nadie nos coja manía al blog o a mí por hacer esto :} ), creo que os lo contaré por capítulos. ELLA será el final de la historia.

(1ª parte): Cómo descubrí el mundo de la moda. Las revistas. 

Todo empezó un día en el metro. Miré al frente y encontré una revista abandonada: Woman. Las había visto alguna vez en kioskos y supermercados pero nunca me había parado a abrir ninguna.

Por aquel entonces, pasaba las tardes enteras viendo vídeos de maquillaje en youtube y justo estaba recién empezando el Máster de Maquillaje Profesional. Pero, la verdad, sentía que me faltaba algo.

En clase, nos insistían mucho en el curso de Asesoría de Imagen y yo, aunque me hacía la longuis, reconozco que envidiaba un poco que las profesoras siempre fuesen tan "guapas", todo les favorecía en forma y color. Pero yo... Yo estaba aún muy lejos de la moda. Me sentía incómoda conmigo misma. Siendo adolescente siempre llevé un rollo grunch que ahora me hace gracia recordar y justo por aquel entonces, al haber empezado a trabajar, estaba en proceso de reforma y no sabía muy bien por dónde tirar. Y los complejos, que son muy malos.

Pero ahí estaba la revista. Lo primero decitos que aluciné cuando la abrí y vi semejantes precios, para qué engañaros. Fue lo único que le dije a mi marido (por aquel entonces solo churri jeje) cuando llegué a casa: "Pero, ¿de verdad hay quien se puede permitir gastarse 500€ en unos zapatos 'básicos' o 3.000€ en un bolso? ¡No me lo puedo creer!"

Pero seguí releyendo aquella revista, pasaba páginas atrás y adelante una y otra vez, sin dar crédito a semejantes precios pero, sobre todo, sin dar crédito a que le estuviese empezando a coger el gusto a lo que "vendían".

Total, que unos días después perdí el autobús, allá por la conchinchina, donde los autobuses pasan cada Dios sabe cuándo, y decidí acercarme al kiosko que había junto a la parada y pedir (muy tímidamente) un COSMOPOLITAN.

Y oye, que ¡tampoco estaba tan mal! Y encima con precios más asequibles (aunque igualmente fuera de mi alcance). Veía muchos estilismos muy raros, la verdad, un montón de ropa superpuesta casi sin ton ni son. Vamos, yo no les encontraba el sentido. Pero todo lo nuevo resulta extraño y, en mi caso, creo que hasta divertido. Además... Yo no era el mejor ejemplo para presumir de saber lo que era un buen outfit (ahora ya se lo que significa ^^") o lo que no.



MariaG
#promisedinParis
Twitter: @promisedinparis

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